L.B.


Un beso en la frente
Al dolor de tu adiós
Conspirando con tus dedos
El bolsillo del tiempo y mi voz.
Quise volver el rostro atrás
Y encallé con torpeza en la sílaba
Impronunciable de tu nombre
Grave y ajeno
Ajado,
solvente de caricias conjugándose
En deseo.

Cansada de velarle
Los restos al silencio
Empiné un discurso de velos
De mariposa
Cerquita de tu oído de azúcar
Y no volví a quererte
En noches interminables
De sumandos malheridos.

L.B.


Puse mi nombre en la estrella más azul del firmamento de tu boca
Arribé con los pies húmedos a una tierra sin promesas ni cometas de crepé
A oscuras
Era abril
U octubre
Una mañana casual
Causal de tantos torpes tropiezos con tu piel vencida
De sueños rotos
Carcomidos por la bilis de la tristeza

Anclé a oscuras
En un puerto hecho de girasoles encrespados
Parecidos a tu perfil prohibido
Y tácito
Como yo
Como el sopor de tu llanto
Una tarde cualquiera
De equipaje y cuentagotas
Dioses y adioses contra la pared
Del alma.

Vendí mis bolsillos
A la playa de tu nombre
Tan febril, pérfido
Primer postor
Aneurisma de calendario
A saltos,
Cantándole al oído al demonio en tu mirada

Puse mi nombre
A dos pasos de ti
Donde empieza la soledad.

L.B.

Yo te dije que me quedaría para siempre en tus labios. Repuesta del cansancio de esta existencia que se llevó nuestros años fértiles. Dónde Abril. Dónde encanto. Que abrazaría cada tarde el bolsillo desmemoriado de tu espalda insolente y avasalladora. Criatura salobre, de retazos ovales tienes hecho el corazón.

Yo te dije que me quedaría para siempre en la comisura de tu adiós. Años 80. Atrincherando los abrazos que perdí en un aeropuerto de papel celofán. Diminutos brotes de carencias. Perla bronce parasitando el cuerpo negro de la noche. Que nunca partiría de la flor púrpura de tu mentira. Aborto de estrella.

Yo te dije que me quedaría para verte anochecer. Falda corta. Basta raída. Sien de chocolate. Dándole la espalda al caudal insomne de tu risa de punto suspensivo. Recoveco tercermundista del infierno más rosa de mi vida. Que te querría. Sentando un precedente en la corte suprema de tu jardín de mandarinas gigantes.

Yo te dije. De respirar a costo de trabajador en mi oído cursi. A la mejilla de Dios. De acostar el llanto en el regazo nácar del sol de Abril. De costearnos la mañana. Embebidos del licor amargo de las cosas por contar. Torpes como la rodilla izquierda de la luna. Que me parezco más a ti cuando no estás conmigo. Fantasma de bastas largas, de manos curvas llevas el alma. Y en ellas yo. Perdida en líneas rojas.

L.B.


Noche roja
Hace lunas que no coincido
Con tus ojos cafés
Que no vienes a mi encuentro
Con soltura
Desdén.

Noche redonda
Anzuelo de coral
Sonrisa descocida
Hace otoños que no
Pierdes pulso en mi avenida
Que no te callas
Que no me espías

Noche de cartulina
De bordecitos
Y dobleces
Danza falsa
Resabida

Noche anzuelo
Noche en el tranvía de su recuerdo
Poco servil
Venido a menos
Enjuagando los años en simulacros
De caricias
Versión cero.

Noche de mi vida.

L.B.


Perdimos el avión de regreso.
La sonrisa y el haz de copas de un otoño animal.

La ruta que conlleva
Al Sur
Al corazón.

Las manos tibias
De un sudor amargo
Algo añejo

Sensación virulenta
En las articulaciones del cuerpo
El del recuerdo
Descreídos de un futuro
Espectral
Y corroído por el helio de su llanto.

Perdimos el ritmo acompasado
Con que se tilda a la rutina
Inmersos en esdrújulas miradas
Con gomina y terciopelo.

La sangre en desorden
Compulsión en los huesos
Partiendo como puntos suspendidos
En el vidrio lateral del invierno.
Menos jóvenes
Menos buenos.

L.B. (II PARTE)


Aquel día que tú escasamente recuerdas
Yo salté desde tus ojos; hoy burlones, hoy inertes.
Enfilé todas mis cartas en una orilla sin nombre
Y emprendí la retirada de espaldas a tu encanto; hoy ajado, hoy mordido.

Aquel día, sin su noche
De aves sin gracia despeinando el rizo del más oscuro de los cielos
De hojas cuasi ilegibles
Vencidas y lanzadas a la mar
Yo abordé el tren de lo que nunca entenderías con tus huesos
Y esa sonrisa sin vida con que te defiendes del invierno.

Aquel día que olvidaste sin agravios en algún rincón de la maleta
Yo crucé la acera del corazón; de mi corazón
Para verle desandar esos vanos tropiezos con tu nombre
Fantasmal, hoy bucólico
Y perderse así de espaldas al dolor.

Aquel día,
Florecías sin luz
Reencarnándote en el cuerpo del recuerdo
Recuerdo que algunas veces vuelve azul hacia mis dedos
Y se agiganta como un espejo sordo y torpe
Y formula preguntas que nacieron sin respuesta
Y responde a todas esas preguntas que nunca quise hacerle a la razón.

Días y memorias
Jugando el tonto juego de lo innombrable
Perdiendo el tiempo en invertir la calma en una cuenta bancaria inexistente
Soldando pantalones y trapos de acero para desvestir a la nostalgia
En tirones circenses y acuosos. Policromados. Políglotas. Días D.
Restas y sumandos. El producto verosímil de mis diez dedos. A tu favor. Como la vela alta del mes de Abril.

Aquel día, hoy ajeno e inservible para ti
Yo escribí la historia de un nosotros aguerrido y comatoso
Punzo cortante, quemadura en primer grado
Y te dejé ir
Con los labios y con la piel, desde mis ojos tristes.

L.B.


La vida que yo te di. Soplé tus ojitos rojos, tamizados de inciertos caminos sinuosos y aguerridos. Como el olvido y como tú. Como el tiempo que invertí en la alfombra de tu cuerpo. Algo visceral. Vida que yo te daba a sorbos y a tantitos. Bebiendo versos de cuna arcángel de medialuna. Sacudías el polvo en tus mejillas, titiritero de bajo presupuesto. Soplo de risa. De noche. Naranjales emancipados a tu vera. Gramos de gracia. Vida que yo te daba a cambio de nada. Tendidos al sol como la piel de tantos tontos trenes que arribabas arrogante soldadito de plomo de cartulina. Luz ámbar. Ámbar luz. Soplé las alitas de tu corazón con vicio esperando sin dormir hasta verte amanecer. Ciega de espanto. Tanta luz. Tanto llanto. Mezclándonos confundidos de cara al viento. Vida que alquilaba para ti. Desde formas indescifrables. Tan tuyas, tan mías. Cuasi reales. A cambio de nada. O de verte sonreír; que a veces es lo mismo soldadito abanderado inquilino de mis horas de encierro. Soplé tus piernitas y tus bracitos jamás nacidos, jamás reales. Y era yo. Era yo quien sujetaba el volante de tu nave invisible. Soldadito impostor de hojalata. Madreselvas escondes y lo sabes.
Vida que escribí por y para ti. En psicodélicos intentos de abrazarle las rodillas al viento y perdernos soldadito en manotazos de gases y desechos. Aire puro, verdadero, en tus 7 pulmones de barro. En tus cabellos de superhéroe y esa sonrisa que inscribí en tus labios de aceituna. Moras, girasol de cerámica. Soplé debajo de tus costillas de soldado--porque a veces eras soldado—y aprendiste a caminar.